Theodor fue pillado y condenado a pasar su vida en la prisión por intento de asesinato al Rey en su mismo cumpleaños. "¡SOY INOCENTE, SOY INOCENTE! ¡YO NO FUI QUIEN LO PLANEO TODO! ¡SOLTADME!", gritaba el joven, que dos policías sujetaban. Nadie de la sala le hacía caso. Nadie le miraba, nadie le hablaba, solo pasaban, pero el insistía. Aquellos policías arrastraban de el, hasta que llegaron a las puertas del coche de policía, donde allí, lo metieron a la fuerza y se lo llevaron a aquella prisión.
La prisión..Se dice que es el camino ala desesperación y a la encadenación...Sin libertad de expresión, de palabra. No, solo encerrado en una jaula...Solo, sin nadie a su lado.
Theodor era inocente...Totalmente. No había echo más que seguir ordenes de aquellos mafiosos por su mejor amigo, el cual ellos lo tenían encerrado. Todo por amistad y, ahora, en la prisión. ¿Habría valido la pena?, era lo que siempre pensaba Theodor, mientras admiraba la ventana desde su celda.Todo era un supricio. Llevaba sin comer ni salir meses. Estaba en los huesos, el pobre hombre. La luz le encandilaba, cada vez que salía al patio a hacer trabajos forzosos con los minerales. Picando, picando y picando, era lo único que sabía hacer. De tanto picar, hasta sus brazos se habían echo fuertes.
Cuando ya todo pensaba que se había acabado (sus esperanzas de seguir viviendo, sus ganas de despertarse por las mañanas, sus ganas de comer, respirar...) es cuando, mientras estaba tomándose un pequeño descanso a hurtadilla en la verja, que separaba la "vida" con la "muerte", a lo lejos vio a una joven. ¿Sería un ángel mensajero? No, no, era una joven de carne y hueso. Theodor cogió tal ilusión que le salieron lagrimas de sus ojos; hacía tiempo que no veía a una mujer... Muchísimo.
La joven se iba acercando y, poco a poco, se podía ver su figura. Cabellos plateados largos y lisos, que ondeaban con el viento, ojos enrojecidos y piel pálida. Parecía un fantasma o una vampiresa, pero, aquel traje blanco y liso con aquel sombrero de paja blanca, lo cambiaba todo.
Theodor la miraba y no dejaba de mirarla, como la joven paseaba. ¿Qué podría decirle? ¿Qué debía decirle? No hizo falta decirle nada, ya que la joven se percató de su presencia y se acercó a el.

- Ho-hola, ¿Qué hace una linda dama por estos lugares, sola?... -Murmuró el joven Theodor, con miedo a lo que le diría la joven.
La cara de Theodor se entristeció cuando observo a la dama llevarse su mano a su garganta y negar con su cabeza. "No puedo hablar", fue lo que entendió Theodor.
- ¿No puedes hablar? -Le preguntó, asegurándose de su idea sobre la chica.
La joven asintió, sin expresión en su rostro. Theodor fue quien agacho su cabeza y suspiro.
Hacía mucho tiempo que no hablaba con nadie así y ahora, para colmo, no podía. Que bien. Pero...Su esperanzas aun no eran nulas, ya que la chica, de su extraño bolso blanco de piel, saco una libreta de dibujo y, con un rotulador negro, empezó a escribir. Theodor la miro, algo extrañado. ¿Estaría escribiéndole algo o le estaría dibujante?
- ¿Eres dibujante? -Le pregunto el prisionero, observando como la dama continuaba centrada en su tarea.
Era obvio de que no obtuvo respuesta, hasta que, levantando el rotulador, dio la vuelta al bloc. Theodor sonrió por lo que ponía. "Mi nombre es Vilphinia. Vivo en el hospital de al lado de la prisión, por que estoy ingresada. ¿Quieres ser mi amigo?". No dudo en asentir y en acercarse más a la verja que los separaba, cada uno de su vida.
Llevaron un tiempo hablando. El hablaba y ella reía. Le contaba todo lo que había pasado. Ella, a veces, también le escribía cosas en el cuaderno.
Tan amigos se hicieron que, hasta, la chica le dio su amuleto de la suerte que llevaba desde pequeña.
Inseparables en un momento se hicieron, hasta que, ya se terminó su hora y un guardia vino a llamarle la atención, cogiéndole del cuello y arrastrándole a su celda. El no quería, pero el policía le obligaba a entrar.
- ¿Cuando te volveré a ver? -Le preguntó, antes de irse.
La chica escribió lo más rápido posible. En el escribió: "Mañana", y, después de leer y escuchar las amenazas de los policías, Theodor accedió a ir, si ella venía mañana.
En eso quedaron.
¿Vendría mañana la joven Vilphinia? ¿Sería este el fin de sus días tras una larga paliza con los policías por descumplir sus reglas? El solo pensaba en la sonrisa de su joven amiga y solo pensaba en el día siguiente, cuando se volverían a encontrar. Tras tanto estar pensando toda la noche, en vela, se decidió.
- Mañana, como propuesta antes de mi muerte, le pediré que sea mi amada...Ella es la indicada.
Tras esas palabras fue cuando cerró los ojos y calló en un largo sueño, reparador.





