Un soldado de infantería entró en la oficina de su teniente, suplicándole y diciéndole:
-¡Mi señor! ¡Pido permiso para ir a buscar a mi camarada que aun no a vuelto!.-
El teniente se quedo pensándolo un poco y le respondió:
-Permiso denegado, no voy a dejar que unos de mis hombres arriesgue su vida. Además seguramente ya este muerto.-
El soldado salio de la oficina del teniente. Al cabo de unas horas volvio a la oficina con el cuerpo de su amigo muerto, y el mal herido. El teniente se enfado bastante por la situación, y con un tono algo enfadado, le reprocho:
- ¡Ya te dije que estaba muerto! Dime, ¿Ha valido la pena?.-
El soldado, recapacitando sobre la situación, miro a su amigo con lagrimas en los ojos y volvió su mirada al teniente, algo melancólico.
-Si, mi señor, porque me lo encontré aun vivo y me dijo "Sabía que vendrías. Sabía que no me dejarías solo"

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